Oh, come save my life again


Ella no era una cualquiera, no. Ella era una… ya sabes, una especie extinguida, como esos animales raros, más bonita, por supuesto. Solía vestir medias negras, de esas de rejilla y camisetas de grupos desconocidos antiquísimos con bufandas de dos metros de largo multiplicado por uno de ancho que le protegían hasta del frío en las piernas. Se rapaba cada mes media parte del pelo, era su estilo… como ella no había ninguna. Estaba totalmente loca, sí, chiflada y no era especialmente abierta, si no veía intención de la otra gente, ella no se mostraba. La gente incluso le tenía miedo aunque nadie lo aceptara, pero a mí no, yo la miraba y la sonreía, ella se hacía la perdida y luego me venía por la espalda sonriente con sus labios rojo pasión, el cigarro medio consumido y su collar de Jesucristo.

-¿Sabes qué te digo? Que voy a vivir en libertad.

Aquella era la frase más usada de su largo vocabulario y la que más me gustaba oír. Me daban ganas de ir a vivir con ella en libertad, llevármela en moto a la otra punta del universo y contarle con un eco diferente lo que sentía por ella, parecer Scarlett Johanson al gastarle los labios… me daban ganas de tirarme del edificio más alto de la ciudad sin necesidad de preocuparme por cómo aterrizara, ya que si con ella vivía en libertad, se nos desplegarían una especie de alas con las que realmente podríamos llegar a ser libre.
Así fue como conocí al amor de mi vida. A día de hoy, sigue siendo la persona más especial del mundo… es mi mujer.

Resulta difícil comprender como un amor adolescente puede llegar a ser tu felicidad personificada para el resto de tus sucios días.

2 comentaris:

Nathalia Rivera ha dit...

Wowwwww !!1 es hermosisiiimo...que linda historia de como surgio su amor...me encanto!!! les deseo lo mejor !! Un Abrazo !! ;)

Charlotte ha dit...

Qué precioso. Me encanta, el final es genial... Y la foto es una pasada *.*

muaaak